No sé ni por dónde empezar este post, pero supongo que sólo escribo porque no tengo a quien hablarle de este modo.
Del modo en el que escribo, a corazón abierto, desnuda y destripando mis sentimientos.
Lloro entre líneas y río, ¡me río de mí misma!
Me gusta escribir, me deja un regusto dulce y espeso, como el de la sangre al chuparla.
Si pudiera me mordería la lengua, Dios sabe que a veces lo intento, pero es imposible y por eso me meto en los "líos" en los que me meto.
Me mordería la lengua y dejaría que la sangre manase en mi boca lentamente caliente y dulce, saturando mis papilas gustativas de ese sabor de vida.
Suena autodestructivo y enfermizo. Lo sé.
Pero no lo es menos mi forma de ir por la vida.
Intento ser y comportarme como alguien normal la mayor parte del tiempo.
Pero a veces ese férreo control me es imposible de mantener, y entonces sale Inés.
La de verdad.
Esa vocecita interior se hace con el control de la nave, expresándose sin cortapisas, grandilocuente, directa y brutalmente sincera.
Brutalmente sincera e inocente, habla con el corazón a un mundo que no lo tiene. Un mundo que no la entiende, que no comprende, un lugar para el que no está preparada.
Un sitio en el que sus planes de felicidad se ven frustrados, porque en su interior todo es posible.
En mi interior, el mundo mágico y el real se entremezclan creando un lugar en el que me gustaría pasar el resto de mi vida.
Pero cuando Inés habla siempre ocurre algo malo.
Por eso me gustaría arrancarla de mi interior, exterminarla, erradicarla...y sobre todo morderle la lengua, arrancársela y dejar que su sangre, que es la mía pero más dulce y más caliente, inunde mi boca saturando mis papilas gustativas.
A veces sueño que me acerco a ella, para llegar a ella atravieso un bosque oscuro y allí en mitad de la oscuridad está sentada con una pequeña vela encendida.
La vela es pequeña pero proyecta mucha luz a su alrededor, es una luz amarilla y cálida.
En su regazo aprieta algo, son mis sueños y mis ilusiones.
Me acerco a ella y me mira a los ojos, sus ojos grandes y fijos en mis ojos.
Sabe porque estoy allí, que estoy enfadada que en ese momento la odio.
Quiero desterrarla de mí, arrancarle la lengua y dejar que se desangre en ese bosque oscuro que hay dentro de mí.
De pronto una lágrima se forma en sus ojos y luego otra, y otra, y otra...
Cojo una lágrima en la punta de mis dedos y la saboreo.
Esa lágrima es fría como el hielo y amarga como la hiel, mucho más que mis lágrimas, de repente ese frío y ese amargor saturan mis papilas gustativas.
Nadie núnca lloró así por mí.
Me doy la vuelta y la dejo sola, llorando mientras abraza mis sueños, a la luz de una pequeña vela, en ese oscuro jardín.
La dejo sola y no le digo, que yo también me voy sola.
Que solo espero que vuelva a salir.
Que solo cuando ella habla, solo cuando ella sale, me siento feliz en este mundo.
Un mundo que no me entiende, que no comprendo, un lugar para el que no estoy preparada aún.
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