martes, 27 de septiembre de 2011

Viajar para buscar las semejanzas.

En el mundo son muchas más cosas las que nos unen a los demás,
que las que nos separan.
Pero nuestro cerebro está programado para ver las diferencias mejor que las semejanzas.

Por eso uno viaja en busca de nuevas experiencias, de nuevos paisajes y gentes...
sin embargo yo hace tiempo que prefiero viajar para buscar las semejanzas,
prefiero viajar y reconocerme en el otro.

Y siempre las encuentro, siempre me siento reflejada, por muy lejos que vaya.

La mirada profunda de un anciano en los Andes,
es tan sabia y tan profunda como la de mis abuelos,
los juegos de unos niños en un parque de cape town,
son los mismos que en un parque de Madrid.

Compartir una conversación y asentir más veces de las que te cuestionas lo que te dicen, compartir una comida y brindar por tu compañero de mesa,
compartir el camino que empezaste sola y sentirte parte de un grupo.

Viajar para ser parte y no visitante,
viajar para compartir y no para tomar,
viajar para reconocerte en el otro,
viajar para sentirte cerca de casa.

Porque no hay casa,
sólo hay camino,
y ese camino es el mismo para todos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Reconocer el amor....

Hay momentos en los que uno no puede más que abrir los ojos y ver.
Momentos en los que el amor, se hace evidente.
Tan brillante, puro y radiante, como siempre nos dijeron que debía ser.

En esos momentos el amor, que es verdadero,
no te hace sentir excluido, no te hace sentir envidia,
porque ese amor no hace inseguros, ni egoistas a quienes lo sienten.

Ese amor los hace hermosos y generosos en amor,
su amor brillante, ilumina a quien se acerca a él,
su amor puro, purifica a quien se acerca a él,
ese amor te llena de luz con sólo estar en su presencia.

Porque el amor de verdad se expande, se propaga, se contagia...
se filtra a través de nosotros,
limpiando todo nuestro escepticismo en el amor,
reconociendo de nuevo el amor.

...dedicado a mis queridos Marie y Cedric,
y al amor que les envuelve.