Cada ser humano debería tener al menos una cosa,
que de forma absurda e inconsciente,
le haga ser feliz.
Por supuesto hay muchos placeres comunes a la raza humana: comida, sexo, sueño, calor, amistad, amor....
básicos o elevados, mundanos o místicos.
Pero no son esos a los que me refiero hoy.
Si no a esos otros pequeños(o grandes placeres) que hacen vibrar nuestro alma de una forma mágica, casi infantil,
y nos regalan una felicidad efímera y deliciosa.
Por lo general nos dibujan una sonrisa en la cara de la que nadie más en el mundo entiende la razón,
pero no importa porque para nosotros esa felicidad es real.
No sé porque pero cada vez que una pluma pasa volando frente a mis ojos, meciéndose lentamente hasta el suelo,
siento que algo bueno va a suceder.
Con la nieve me ocurre lo mismo.
Me invade una extraña sensación de paz y de seguridad,
como si de alguna forma ese silencio que acompaña a la nieve al caer me diera una paz nueva, tan fría y tan blanca como la nieve.
Siempre intento atrapar las plumas que vuelan ante mis ojos...
y siempre intento cazar copos de nieve.
Absurdo, ¿verdad?
Nadie entiende mi felicidad...
pero es real.
¿Como hacer para renacer? Reinventarse es necesario, siempre y cuando no olvides lo ya pasado. El alma rota pero con la intención de seguir sintiendo.
lunes, 29 de noviembre de 2010
domingo, 28 de noviembre de 2010
Nacimiento de la emperatriz que llevo dentro.
...bajando Embajadores las campanas se mueven con el viento de Noviembre, dejan escapar sonidos mágicos que llenan la calle y doblando en el Oso siempre el mismo escalofrío recorre mi espalda, la calle está oscura, silenciosa y solitaria...
...entonces un repiqueteo llena el silencio de la calle, el eco de mis tacones apaga el silencio de las calles de Lavapies, ya no siento el frío en la cara, aflojo el paso y miro a mi alrededor disfrutando...
...aún no ha muerto el oso de mi imaginación, ese miedo primigenio a ser yo misma, pero me propongo domesticarlo...
...reconciliarme con la bestia negra otra vez...
...reconciliarme conmigo misma...
...entonces un repiqueteo llena el silencio de la calle, el eco de mis tacones apaga el silencio de las calles de Lavapies, ya no siento el frío en la cara, aflojo el paso y miro a mi alrededor disfrutando...
...aún no ha muerto el oso de mi imaginación, ese miedo primigenio a ser yo misma, pero me propongo domesticarlo...
...reconciliarme con la bestia negra otra vez...
...reconciliarme conmigo misma...
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