jueves, 24 de febrero de 2011

un Maharajá que termino siendo un saco de mañas....

Aún recuerdo cuando lo cogí por primera vez en mi mano,
aquella maraña gris de pelo apenas la ocupaba,
y eso que por aquel entonces yo sólo tenía nueve años.

Unas semanas después,
él con los ojos ya abiertos,
y yo con diez años recién cumplidos,
nos fuimos juntos a casa.

Que dejó de ser mi casa, para convertirse en la suya.

Tan pequeño que mi madre le llevaba sobre las zapatillas,
y ya se sentía el rey del lugar,
un maharajá,
ese fue su primer nombre.

Pero a veces sentía miedo, frío o simplemente,
la imperiosa necesidad de compañía,
buscaba mi regazo y me lamía con su lengua áspera,
mientras con sus patitas me "arañaba".

Un pequeño ovillo de mañas,
Maña,
ese fue su último nombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario